La Copa del Rey vuelve a cruzar a dos colosos de La Liga en una semifinal que parece escrita con tinta de revancha. Atlético Madrid, diez veces campeón, recibe al Barcelona, defensor del título, en una reedición del cruce que el año pasado terminó impulsando a los culés hacia otra copa para la vitrina.
El arranque de 2026 no ha sido amable con el Atlético. La derrota 1-0 ante Real Betis el domingo profundizó una irregularidad que contrasta con el 5-0 que le había propinado al mismo rival en esta competencia días atrás. El equipo de Diego Simeone suma solo cuatro triunfos en diez presentaciones del año, y llega con la incomodidad de haber perdido dos partidos seguidos por primera vez desde abril. El recuerdo inquieta: una de esas caídas recientes en esta fase fue, precisamente, ante el Barcelona.
Sin embargo, el calendario ofrece un pequeño faro. Los jueves le sientan bien al Atlético, con nueve victorias en sus últimos doce partidos disputados ese día, un guiño estadístico para un club que no levanta la Copa del Rey desde 2013 y necesita una noche de carácter para cambiar el pulso de la temporada.
El Barcelona aterriza con otro tono. Su victoria ante el Atleti la pasada campaña fue el primer paso hacia un récord ya inalcanzable: 32 títulos coperos. Ahora, bajo la conducción de Hansi Flick, el equipo volvió a mostrarse ambicioso, superando tres rondas con autoridad y alcanzando su semifinal número 13 en las últimas 16 ediciones. El 2-1 ante Albacete fue parte de una racha de seis triunfos que incluye un contundente 3-0 frente a Mallorca.
Lejos de casa, el Barça suele crecer. Ocho victorias en sus últimos nueve viajes y once triunfos en doce salidas coperas refuerzan un favoritismo que se apoya también en el historial directo. Los azulgranas ganaron ocho de los últimos diez enfrentamientos y no pierden ante el Atlético en Copa del Rey desde hace ocho cruces, con seis victorias y dos empates.
Las tendencias recientes dibujan un partido con matices claros. En el Atlético, pocos encuentros con goles en ambas porterías, pero un Metropolitano que acostumbra a ver marcadores amplios. Del lado culé, precisión quirúrgica en la Copa, con exactamente dos goles por partido, y una seguidilla de encuentros recientes superando la barrera de los 2.5 tantos.
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